Juegos abstractos
Un juego abstracto es el que no tiene tema. No hay comerciantes, ni naves, ni virus: hay piezas, un tablero y unas reglas. El ajedrez y el go son los abuelos de esta familia, y de ahí viene todo lo demás.
Su rasgo distintivo es que la información está a la vista. Nadie esconde cartas y casi nunca hay dados, así que si pierdes no puedes culpar a la suerte, y eso a algunos les encanta y a otros les incomoda. Las reglas suelen caber en una cara de folio, pero eso no los hace sencillos: la profundidad no está en el reglamento, está en lo que pasa cuando dos personas lo aplican bien.
Azul es la mejor puerta de entrada. Técnicamente tiene tema —vas colocando azulejos en un palacio portugués—, pero funciona como un abstracto puro: eliges una loseta, y lo que dejas sobre la mesa importa tanto como lo que te llevas.
Son buenos para dos jugadores y para partidas cortas con ganas de pensar.
