
Juegos party
En un juego party no se juega para ganar. Se juega para que pase algo en la mesa: que alguien grite, que otro se equivoque de manera memorable y que la partida se recuerde tres cenas después. El reglamento es una excusa para que la gente se hable.
Por eso comparten tres rasgos. Se explican en dos minutos, aguantan seis, ocho o diez jugadores, y duran poco: quince o veinte minutos, lo justo para pedir otra. Dobble se entiende viendo una ronda. Código secreto se explica más rápido de lo que se tarda en repartir.
Funcionan mejor cuanta más gente hay, y ahí se diferencian del resto del catálogo: casi todos los juegos empeoran al pasar de cuatro jugadores, y estos mejoran.
Lo que sí conviene mirar es si el grupo es hablador. Los party de adivinar y describir se hunden con gente tímida; los de rapidez y observación funcionan igual con cualquiera.

