Juegos familiares
Los juegos de mesa familiares tienen que resolver un problema que los demás no tienen: que en la misma mesa se sienten un niño de ocho años, un adolescente que preferiría estar con el móvil y una abuela que no juega desde el parchís. Que los tres se lo pasen bien es más difícil que diseñar un juego complejo.
Lo consiguen con reglas que se explican en cinco minutos y partidas que duran entre veinte y cuarenta y cinco. Nadie tiene tiempo de aburrirse ni de sentirse eliminado. Azul es el ejemplo perfecto: se entiende a la primera y sin embargo tiene decisiones que siguen doliendo en la partida número cincuenta.
Cuidado con una trampa habitual: «familiar» no significa infantil. Un buen juego familiar no aburre a los adultos, y varios de esta página funcionan igual de bien en una noche entre amigos.
Si compras para una casa concreta, mira la edad mínima y el número de jugadores antes que la nota. El mejor juego del mundo no sirve si sois cinco y solo admite cuatro.



